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Antiguo camino de Cantalojas.

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Ruta de las Minas y de los pueblos negros.

Iniciamos la ruta en Atienza y la finalizamos en la misma villa. El itinerario es: Atienza - Hiendelaencina - Gascueña de Bornova - Prádena - Cañamares - Atienza.

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De Atienza a Hiendelaencina hay 22 Kms., de Hiendelaencina a Prádena unos 15, de Pradeña a Cañamares 11 y de Cañamares a Atienza 5. De modo que dando la vuelta completa recorreremos unos 43 Kms). La carretera blanca que va de Prádena de Atienza a Cañamares no viene en el mapa, pero hasta ahora es transitable.

 
 
 
 
 

Salimos de Atienza tomando la flamante y desproporcionada circunvalación, y en ella la glorieta de la que sale la carretera de Hiendelaencina. Las Minas como se conoce a Hiendelaencina entre la gente de la zona están situadas a unos 22 kilómetros de Atienza. La carretera que nos lleva a Hiendelaencina o Las Minas recorre la vega principal de Atienza, La Bragadera, a lo largo de casi cuatro kilómetros. La Bragadera no fue siempre tierra de cereal, al contrario, hasta el año 1874 fue dehesa para el ganado y sólo a partir de ese año fue parcelada y roturada dedicándose la misma al cultivo del trigo.
Acaba La Bragadera y, tras sobrepasar a nuestra izquierda la Ermita de Santa Lucía, dejamos el término de Atienza. La carretera, que por cierto se hizo hacia 1925, se mete en un barranco y deja a la derecha el pequeño pueblo de Naharros. El barranco se hace cada vez más estrecho. Se atraviesa un puente sobre el río Cañamares. Este barranco se llama el Barranco del Hierro. La salida del barranco se produce unos 8 kilómetros después, a la altura del cruce con Robledo de Corpes.
(Robledo de Corpes es un pueblo cuyo nombre induce a error, pues muchos han creído que es éste el lugar donde, según la tradición, las hijas del Cid fueron apaleadas por sus maridos, los infantes de Carrión. Se cree que este asunto medieval de maltrato familiar ("La Afrenta de Corpes") tuvo lugar entre los pueblos de Castillejo de Corpes y Valdanzo, ambos en la provincia de Soria y en la vertiente del Duero, o sea al otro lado de la cordillera, en la otra Castilla). 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Cruz en un edificio de Prádena

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Tras unos 8 kilómetros de llanos estaremos en Hiendelaencina. Hiendelaencina es un pueblo que sufrió grandes cambios a raíz del descubrimiento en su término de minas de plata a mediados del siglo XIX. El centro del pueblo es una amplia plaza cuadrada. La iglesia fue construida en un lado de la plaza entre 1848 y 1851, en la época del apogeo de las minas. 

 
 
 
 
 

Algunas curiosidades sobre este pueblo:
Las minas de plata se descubren en 1842 por un agrimensor, D.Pedro Esteban Gorriz natural de Subiza (Navarra), aficionado a la minería.
El jornal de los primeros mineros era de 5 reales diarios por una jornada laboral de 12 horas.
Algunas minas llegaron a los 600 metros de profundidad.
Hacia 1845 había más de 200 pozos abiertos.
La población de Hiendelaencina, que era antes de que se hallara plata de 100 habitantes, llegó a ser de 3.200 en 1857 y dicen que, en algunos momentos concretos de gran actividad en las minas, se acercó a los 9.000.
La primera mina se llamó Santa Cecilia. El monolito de piedra que en su día se puso a la entrada de esta mina puede hoy verse en la plaza del pueblo.
Una de las sociedades que explotó las minas de plata se fundó en Londres en 1845 y se deshizo en 1879. Esta sociedad estableció un poblado fuera de Hiendelaencina. El poblado se llamó La Constante, donde según dicen hubo teatro, hospital y casino además de una distribución racional de calles y edificios. Esta sociedad minera en sus años de actividad llegó a enviar a la Casa de la Moneda más de 275.000 kilos de plata.
También hubo minas de oro en un pueblo relativamente cercano: La Nava de Jadraque. (No confundir con Navas de Jadraque).
Los sueldos de los mineros mejoraron con el tiempo y en 1870 (quizás justo antes de comenzar el declive de las explotaciones) llegaron a ser de 2 pesetas diarias para los hombres, 93 céntimos para los chicos y 83 céntimos para las mujeres. Eso sí, la jornada laboral se mantuvo en 12 horas.
En los pozos de Hiendelaencina se llegaban a alcanzar temperaturas de 47º por lo cual debían tener sistemas de ventilación que hicieran posible el trabajo. Mediante estos sistemas se conseguía bajar unos 10º las temperaturas extremas.
De los pozos se obtuvieron siete variedades de plata.
Las minas tuvieron dos grandes épocas de explotación: Los periodos 1844-1870 y 1889-1897.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Dejando ya Hiendelaencina tomaremos la carretera que sale en dirección a Villares de Jadraque y Bustares. Primeramente, y a poco de salir del pueblo, hemos de bajar al barraco por donde discurre el río Bornova. A tres kilómetros de Hiendelaencina atravesamos el puente sobre el río y a la derecha dejamos el Molino de la Oportuna, último de los molinos del Bornova que actualmente quedan.
Siguiendo la carretera y antes de llegar a Villares de Jadraque, a menos de dos kilómetros del puente del río, sale a la derecha el desvío que primero nos conduce a Gascueña del Bornova y luego nos lleva a Prádena de Atienza.

 
 
 
 
 
 
 
 
 

Casa de Prádena. Pueblos negros.

 
 
 
 
 
 
 
 
 

Merecen la pena los paisajes del recorrido y la arquitectura peculiar de Prádena. Es lo que aquí se llaman pueblos negros por estar construidos principalmente con pizarra. Prádena ha sido de los pueblos más aislados de la provincia. Su arquitectura negra va desapareciendo poco a poco ante los estragos del cemento, la teja roja, la uralita y otros adelantos. También el abandono y hundimiento progresivo de las viviendas construidas la manera  tradicional van contribuyendo a la desaparición de este tipo de arquitectura propia de la sierra. Sin embargo y a pesar de lo dicho, Prádena todavía conserva bastante que ver.
Hasta hace poco sólo se podía regresar de Prádena a Atienza por el mismo trayecto que habíamos utilizado para ir. Desde hace unos años existe una carretera blanca, perfectamente practicable tanto en invierno como en verano que nos permite volver a Atienza bajando a Cañamares tras 11 kilómetros de rodar por la misma. Para tomar esta carretera hay que salir del pueblo por donde entramos y girar a la izquierda en el lugar donde la carretera que sale del pueblo nos devolvería hacia Gascueña. Tras unos pocos kilómetros llegaremos al puente sobre el Bornova y luego a Cañamares, el pueblo del bello puente medieval. De allí a Atienza unos 5 kilómetros.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Puente medieval de Cañamares.

 
 
 
 
 
 

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