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Pocos castillos en España están tan bien situados como el de Atienza. Asentado sobre una peña de gneis a más de 1.200 metros de altitud, se ve desde decenas de kilómetros a la redonda. Es el motivo por el que el lugar fue siempre fortificado —celtíberos, romanos, musulmanes, cristianos— y por el que el Cantar de Mio Cid lo menciona dos veces como «peña muy fuerte». Su silueta es ya la marca visual de la villa.
De los celtíberos a la conquista cristiana
La peña ya estaba fortificada en época prerromana: los celtíberos aprovecharon su posición natural en el cruce de mesetas para levantar un castro. La presencia romana queda atestiguada por miliarios y restos cerámicos. Pero la fortaleza tal como hoy se reconoce nace en época andalusí, con la consolidación de una alcazaba musulmana. Tras la Reconquista, los cristianos reaprovechan los muros para reconstruir la fortaleza, que se convierte en pieza estratégica del reino de Castilla.
El Cantar de Mio Cid: «peña muy fuerte»
El Cantar de Mio Cid menciona Atienza dos veces. En el primer cantar, el Cid evita el enfrentamiento directo con la villa, descrita como «una peña muy fuerte». En el tercer cantar, su mención sirve para situar el reino. La huella literaria justifica que hoy Atienza sea hito del Camino del Cid: fin de la ruta «El Destierro» (que arranca en Vivar del Cid, Burgos) y origen de la ruta «Tierras de Frontera» (que sigue hasta Calatayud). El salvoconducto del Camino se sella en el Ayuntamiento o en la Oficina de Turismo.
Qué se conserva hoy
El visitante puede recorrer la torre del homenaje, parte de la muralla interior, los aljibes excavados en la roca y los restos de las dependencias. La fortaleza fue muy castigada por las Guerras de los Infantes de Aragón en el siglo XIV y vio reformas en tiempos de los Reyes Católicos. La última gran intervención de consolidación es contemporánea y permite visitar el conjunto en condiciones de seguridad.
Cómo subir: 15 minutos a pie
El sendero arranca cerca de la iglesia de Santa María del Rey, al pie de la peña, y sube empedrado en zig-zag hasta el recinto. Calza zapato cómodo: hay tramos sueltos y la pendiente es franca. Las vistas se merecen sentarse arriba al menos media hora. Al norte se abre el Paisaje Dulce y Salado candidato a la UNESCO; al sur, el caserío de Atienza con sus iglesias identificables una por una.


