Escudo de AtienzaAtienzaVilla medieval de Castilla
Skyline de Atienza con su castillo roquero al fondo

Qué ver en Atienza: la villa medieval del Cantar de Mio Cid

Castillo roquero, siete iglesias, cuatro museos y un casco amurallado. Guía completa de qué ver en Atienza, la villa medieval mejor conservada de la Sierra Norte de Guadalajara.

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Atienza es una de esas villas en las que se entiende de un vistazo qué fue Castilla. Sobre una peña sembrada de gneis se levanta su castillo —«peña muy fuerte» en palabras del Cantar de Mio Cid— y a sus pies se ordena un casco medieval de plazas porticadas, iglesias románicas y casonas de piedra. En este artículo recorremos qué ver en Atienza con la calma de quien tiene un día por delante.

Atienza, una villa medieval de frontera

Atienza está en el extremo norte de la provincia de Guadalajara, en plena Sierra Norte, a 1.169 metros de altitud y a 135 kilómetros de Madrid. Su historia es la de un cruce entre mesetas, entre Castilla y Aragón y entre la cristiandad y al-Ándalus. De ahí su castillo, sus murallas y su densidad de iglesias en un caserío que hoy reúne a poco más de 400 vecinos.

Atienza fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1962 y forma parte de las grandes rutas culturales que cruzan la Península: el Camino del Cid (es fin de la ruta «El Destierro» e inicio de «Tierras de Frontera»), la Ruta de la Lana del Camino de Santiago y la Ruta de Don Quijote. Junto a Sigüenza, opta a Patrimonio Mundial de la UNESCO con el «Paisaje Dulce y Salado», una candidatura que ya ha avanzado a la fase de informe preliminar.

El Castillo de Atienza: el mirador de Castilla

Empezar por el castillo es empezar por el principio. La peña sobre la que se asienta —de granito y gneis— ya era fortificación celtíbera y árabe antes de pasar a manos cristianas tras la Reconquista. De la fortaleza musulmana, los cristianos reaprovecharon su estructura para levantar una nueva fortaleza que conoció la última gran reforma en tiempos de los Reyes Católicos. Hoy se conservan la torre del homenaje, parte de la muralla interior y los aljibes excavados en la roca.

La subida exige unos 15 minutos de caminata por sendero empedrado. Las vistas, desde lo alto, justifican el esfuerzo: al oeste se abren los páramos del Paisaje Dulce y Salado, al este la silueta de la Sierra de Pela y al sur, el caserío de Atienza con sus iglesias bien identificables.

Plaza del Trigo y casco amurallado

El corazón medieval de la villa es la Plaza del Trigo (o Plaza del Mercado), uno de los conjuntos porticados mejor conservados de Castilla. Sus soportales de pilares de piedra, vigas vistas y casas encaladas conviven con la fachada renacentista de la iglesia de San Juan. En sus terrazas pasan las tardes los vecinos y los visitantes que paran a comer en la villa.

Desde la Plaza del Trigo se sale al Arco de Arrebatacapas, una puerta gótica que aún conserva su nombre popular: por ese paso angosto, los vientos arrebataban las capas a los arrieros que entraban a la villa. La muralla, levantada en el siglo XII y parcialmente reconstruida tras las Guerras de los Infantes de Aragón, encierra el casco antiguo en una doble línea: el recinto urbano y la muralla del castillo.

Las siete iglesias de Atienza

Hubo un tiempo en el que Atienza tenía documentada más de una docena de parroquias. Hoy se conservan siete templos, varios de ellos convertidos en museo. Tres son obras imprescindibles del románico atencino: San Bartolomé, con su pórtico de columnas pareadas; Santa María del Rey, al pie del castillo, con su cementerio integrado en el paisaje; y San Gil, sede del museo arqueológico de arte sacro.

A esas se suman la iglesia parroquial de San Juan, renacentista, en la Plaza del Trigo; la iglesia de la Santísima Trinidad, sede del museo de La Caballada; y la iglesia de San Salvador, en el arrabal de Puerta Caballos. Cerca del antiguo convento de San Francisco se conserva, además, un ábside gótico de gran valor.

Los cuatro museos abiertos: arte sacro y paleontología

Para ser una villa pequeña, Atienza concentra una densidad de museos sorprendente. El Museo de la Posada del Cordón es la sede del Centro de la Cultura Tradicional de la Provincia de Guadalajara, con más de 600 piezas etnográficas en una casona del siglo XV. El Museo de San Gil reúne piezas arqueológicas y la pila bautismal románica de la antigua iglesia. El Museo de San Bartolomé combina arte sacro y una llamativa colección paleontológica con más de 3.500 fósiles. Y el Museo de la Santísima Trinidad alberga la sección dedicada a La Caballada, con el Cristo del Perdón de Salvador Carmona como pieza estrella.

Más allá del cerro: ermitas, paisaje y Sigüenza

El término municipal de Atienza guarda cuatro ermitas que merecen un paseo: la Ermita de Nuestra Señora de la Estrella, centro de La Caballada y a unos 3 km del casco; la del Humilladero o del Santo, en la entrada de la villa; la de Nuestra Señora del Val, con su insólita portada románica de diez figuras; y la de Santa Lucía, del siglo XVI, junto a la CM-1001.

Atienza es además punto natural para descubrir el Paisaje Dulce y Salado, candidatura conjunta con Sigüenza a Patrimonio Mundial de la UNESCO. A 30 minutos en coche está la propia Sigüenza, con su catedral y su castillo-parador. La combinación de ambas villas en un fin de semana es una de las visitas más completas que ofrece Castilla-La Mancha.

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